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Un no es no, y cuando no hay un sí, también es no

Alba Tavío, La Laguna

Coge tu abrigo, sal de casa y a la primera mujer que encuentres en la calle pregúntale: “¿Alguna vez has sentido algún abuso sexual por parte de un hombre?” la respuesta será un rotundo sí. Mi respuesta sería un sí en mayúsculas.

Durante un largo año para el feminismo nos hemos encontrado con varias “manadas”, grupos de hombres que drogan y fuerzan a mujeres para follárselas en grupo. En uno de los últimos casos, denominados “la nueva manada” de Gran Canaria, vitorearon su hazaña al ser metidos en prisión preventiva.

En forocoches millones de hombres se han reído de la joven violada en Murcia, han filtrado sus datos y sigue viviendo a día de hoy en un continuo infierno. Esta chica está con tratamiento psicológico y con un enorme estrés postraumático. Han hecho de su hogar un lugar en el que no se siente a salvo y en el que debe permanecer si no quiere cruzarse con alguno de estos hombres.

Mientras que ellos, han sido puestos en libertad, pueden viajar por toda España menos al lugar del que esta chica procede e incluso se han comprado un billete a Ibiza, en el que posiblemente pasarán una buena noche de juerga donde haya burundanga y alguna víctima más.

Hablemos de otra mujer que no ha tenido tanto apoyo mediático, una prostituta que fue violada en grupo poco después del caso de “La Manada de Murcia”, esta mujer acudió a denunciar y fue cuestionada por su trabajo. Esos hombres quedaron en libertad en muy poco tiempo. Una mujer cuestionada por su trabajo, ¿Una prostituta pierde la potestad sobre su cuerpo? ¿Una prostituta por ser prostituta pierde todo el respeto como mujer? Por supuesto que no.

Cualquier mujer que haya pasado por lo mismo seguramente sabrá perfectamente lo terrible que es esta situación para nosotras. Todas las mujeres vivimos con miedo.

Estamos cansadas de tener miedo. Salimos a la calle con miedo, elegimos nuestra ropa con miedo. Hemos vivido estigmatizadas toda nuestra vida por la sociedad y sobre todo por los hombres.
Los daños físicos y mentales que sufrimos cuando vivimos este tipo de agresión son para toda la vida.

Y aún así siguen cuestionándonos y siguen poniendo en libertad a “personas” (si así podemos llamarlos) que han destrozado la vida a alguna mujer que quería pasarlo bien una noche con sus amigas. Poniendo de excusa el alcohol para justificar un acto que está muy por debajo de la racionalidad humana.
Vivimos consternadas, con el mismo modus operandi en el que creemos que cualquier hombre que muestra algún tipo de interés hacia nosotras o hacia lo que nos dedicamos quieren aprovecharse de nosotras.

No nos culpéis, es lo que hemos visto durante toda nuestra vida.

Os pongo dos casos muy comunes de claros abusos que han pasado muy cerca de mí:

Una noche una chica de veintidós años volviendo de fiesta, se encuentra con un conocido que le  ofreció llevarla a casa, paró en un escampado la obligó a besarlo, le subió la camiseta para tocarle los pechos y la presionó a hacerle una felación. No hubo consentimiento.

Otra noche, una chica salió de fiesta con una amiga. Ese día decidió ponerse guapa y se puso un top escotado. Salió de su casa sintiéndose maravillosa. Una vez en el local, un conocido suyo le pellizcó varias veces el pecho e incluso se las besó sin ningún tipo de consentimiento por parte de la misma. Volvió a su casa sintiéndose asquerosa y pensando si era culpa suya el haber llevado ese día esa camisa.
No volvió a usarla y no olvida lo que pasó ese día.

Un no es no y cuando no hay un sí, también es no.

Me resulta terrible seguir teniendo que pasar por esto continuamente, seguir recibiendo burlas por parte de este colectivo tachando a las mujeres que estamos hartas de sufrir estas agresiones como locas.
No estamos locas, estamos terriblemente cansadas.

La sociedad no avanzará hasta que estos problemas se erradiquen de cualquier parte del mundo. ¿Podríamos atrevernos a hablar no de un cambio de mentalidad sino de un cambio generacional?

Mientras siga habiendo violadores en las calles, hombres que nos digan cómo debemos ser, hombres que nos increpen cada día, hombres que nos toquen sin nuestro consentimiento y hombres que nos usen como objetos sexuales seguiremos viviendo en un lugar en el que las mujeres ya no queremos estar.

No hay un final feliz para esta sociedad que nos oprime y nos maltrata.

NO ES NO Y CUANDO NO HAY UN SÍ, TAMBIÉN ES NO.
Y, por supuesto: YO SÍ TE CREO, HERMANA.

difundeculturaAdmin

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