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Pasajes

Verónica Villa, Roma

No puedo permitirme prestar oídos, voz ni lágrimas a esos ‘desilusionadores’ natos que, con distintos rostros, todos nos hemos cruzado. Soñar es un derecho y una necesidad a la que JAMÁS renunciaré. Sin mis sueños, simplemente, no existo. Porque mis sueños son el perfecto esbozo de las realidades que lucho por materializar. Tomar parte activa en la consecución de los propios sueños SÍ es posible.

A veces necesito desdibujarme… Dejar de ser un poco cada noche para re-descubrirme tras cada amanecer…

Aquella heroica nota se atrevió a dar el salto desde el refugio de su pentagrama con la misión de acariciar el alma de un solitario verso, que a punto estaba de ahogarse en aquel cuaderno en blanco. Tras el milagro de reconocerse mutuamente, ambos partieron juntos en busca del poema musical definitivo.

Pensaba en si es posible que un poeta añore la lectura de un poema aún no escrito o que un músico no deje de pensar en una partitura que jamás vio la luz…
La respuesta es SI. Las emociones inéditas alimentan el arte de un modo constante. Tal vez aún no tengan presencia sobre el papel. Puede que sean inaudibles o invisibles a los ojos del mundo, pero aquello que puede imaginarse, en cierto modo ya existe… Por eso, para el artista, la imposibilidad es siempre tan relativa…

Silencio… Quisiera hallar el silencio y la paz necesarios para re-conocerte, sin ruido ni artificios. Sin máscaras, sin velo; sin miedos y sin red. Sin otra distracción que una mirada alada, soñadora y creyente. Sin otra cosa que una verdad desnuda como una melodía plagada de latidos y de respiraciones compuesta por un alma en cautiverio que se estira sin límites en busca de esperanza. Pero… Silencio. Es tan solo silencio cuanto preciso ahora para llegar a ti…

Si alguna vez regresas, sentémonos aquí… Contémonos palabras y emociones. Contémonos silencios, por encima de todo. Contémonos lunares, heridas y hasta arrugas. Quedémonos muy juntos mirando pasar vidas familiares y ajenas; anhelos sobre ruedas, prisas, preocupaciones, planes, juegos, promesas… Mas, entretanto, tomémonos la mano con el pensamiento y unamos las estrellas como puntos en un libro infantil para inventar nuevas constelaciones. 
Si alguna vez regresas, sentémonos aquí. Yo te cuidaré (el sitio)

Autor: difundeculturaAdmin

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