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Magia

Zebensui Felipe, La Laguna

Las horas vuelan mientras nos dedicamos a terminar el montaje técnico de Inspector Sullivan, pero logro escaparme un instante para disfrutar del silencio del Teatro Leal desde el escenario. Con todas las butacas vacías, intento visualizar lo que pasará en nuestra noche de función. Cruzo los dedos esperando que el público llene el teatro, inspiro lentamente y mientras voy soltando el aire, escucho en mi imaginación las risas de los espectadores en cada uno de los gags de la pieza que representaremos por la noche. Es mi pequeño momento mágico. Un momento que va acorde con la responsabilidad de actuar en este teatro. Un momento que, desde que Doble M dio sus primeros pasos, intento disfrutar con todos los sentidos posibles. Se trata del teatro de mi ciudad, con un público acostumbrado a ver grandes piezas y con la responsabilidad, una vez más, de defender un texto de comedia propio. De nada nos sirve ahora el recorrido que hayamos tenido con nuestro anterior montaje porque el público espera algo que esté a la altura y los miedos e inseguridades de un actor, si se funden con los de un dramaturgo, son un cóctel explosivo. Vuelvo a respirar hondo y guardo todas esas sensaciones en mi maleta de viaje, y pienso que cuando sea un anciano podré contar a quien le pueda interesar que yo formé parte de la magia de este teatro.

A medida que se acerca la hora de la función, y con el elenco de Inspector Sullivan ya reunido, percibo un ambiente distinto entre mis actores. Todos saben que esta no es un plaza cualquiera. Todos afinan hasta el extremo su trabajo durante el ensayo general. Todos se vuelcan sobre el trabajo de una manera sobrenatural. Todos quieren que la noche sea perfecta. Todos quieren construir su momento mágico al igual que yo tuve mi oportunidad en la mañana de montaje. Aunque ellos no se den cuenta, me tomo mi tiempo para observarlos. Sus caras, sus manos, su manera de andar. Busco en ellos el rastro de esa magia que va creciendo a medida que se acerca la hora de la representación y ninguno me defrauda. Todos ellos tienen un brillo especial y eso me hace sentir muy feliz. Feliz porque demuestra que el equipo de actores es maravilloso. Feliz porque demuestra que tanto ellos como yo vivimos el teatro de la misma manera, es decir, con pasión. De la única manera que se puede vivir este oficio. Y, sobre todo, feliz porque con esa magia que me han trasmitido acaban de confirmarme que la función de esta noche sera un éxito.

Lo pasamos bien en los camerinos. Es curioso que siendo personas tan distintas en el fondo seamos tan iguales. Reímos con los mismos chistes, nos gastamos bromas con los mismos códigos…, pero ya no queda nada. El momento de pisar el escenario, esta vez con el público abarrotando el teatro, está próximo. Nos damos las manos, gritamos nuestras palabras de guerra y bajamos las escaleras rumbo al escenario y vaya cómo cambia el escenario. Aún sin aparecer en escena, las voces de los espectadores son una bendición para mis oídos. Me dan ese plus de energía y de seguridad para saber que esta noche haremos una gran función. Ya solo queda poner un pie en el escenario y a vivir la magia…

difundeculturaAdmin

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