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Keroxen: merienda cena en el Tanque. Parte 3. Sábado.

Ricardo Lorenzo Pintor / Santa Cruz de Tenerife

De la jornada de clausura con localización doble, primero Tanque, luego Ocean club, me centraré en dos conciertos que tuvieron lugar en el Tanque: Porest y Meridian Brothers.

Porest es un músico norteamericano que se dedica a dar a conocer músicas de lugares remotos para el oído occidental. Nos ha brindado a Omar Souleyman, músico sirio de bodas y bautizos que actúa en festivales de toda Europa. Su concierto es una suerte de club de la tragicomedia musical. Él no para de recitar sus reivindicativas y jocosas letras, apoyado por las bases que suelta y un músico que alterna la batería y los teclados. En conciertos como este, donde la importancia de las letras es tan fundamental, se echa de menos un sobretitulado de las mismas en español, para que el mensaje llegue con mayor facilidad a la audiencia. Un ejemplo de su lado cómico: comenzó asegurando que le pagaban una pasta por actuar y terminó confesando que le costaba pasta que le dejaran subirse a un escenario. Concierto divertido con una propuesta poco habitual.

Los Meridian Brothers son un conjunto colombiano liderado por Eblis Álvarez, multiinstrumentista que para el directo se rodea de una nutrida banda formada por vientos, percusiones, teclados, cuerdas y batería. El concierto fue una fiesta en sí misma. El bailoteo que prometía la jornada comisariada por Chico Trópico, se presentó puntual a los pocos minutos de comenzar a tocar el combo colombiano. Fiesta loca. Felicidad en la pista allá donde miraras. No los conocía de antes, así que no puedo contarles si tocaron de un disco o de otro, lo que sí puedo es reflejar la descarga musical con la que fuimos agasajados los asistentes a este último concierto de la edición 2016 del Keroxen en el Tanque. A la salida, pudimos estrechar la mano de varios de los músicos del grupo y darles las gracias antes de que nuestras otroras incombustibles fuerzas, nos mandaran para casa sin pasar por la casilla del Ocean club.

Como resumen de estos tres días decir que:

  • es un acierto poner un escenario y situarlo casi pegado a la pantalla.
  • el Tanque, elemento básico del festival, es un buen lugar para según qué estilos (y qué formaciones dentro de cada estilo), así que si se deslocaliza el festival, idea necesaria ante la tiranía del sueño vecinal, se debe pensar en llevar a esta segunda sede los conciertos de grupos que destilan decibelios. Ir a ver conciertos con el volumen de un ensayo no mola. Eso solo resta credibilidad, al grupo y al festival.
  • ir de merienda cena al Tanque es un puntazo, se disfruta mucho de la música en horas como estas.
    pero claro, este horario condena la asistencia de todos aquellos que iban a beber o a dejarse ver una noche por el keroxen, con la merma de ingresos que eso conlleva. Ya que cambias de local, deja que esa gente te pague solo por la segunda parte de la jornada con una entrada exclusiva para ese local. Incluso pondría tres entradas: una para toda la jornada, una para el Tanque (sí, los hay viejunos) y otra para la sala donde se continúe.
  • ¿dónde están los abonos? Como ya solo vamos los que vamos siempre, ¿no se premia la fidelidad? Maldito mundo de tronistas en el que vivimos.
  • por último, y por ello lo más importante, este festival no puede dejar de realizarse. Es una de las pocas posibilidades que tenemos en esta isla de disfrutar de propuestas musicales poco comunes y de calidad.
    Gracias a todos aquellos que lo hacen posible. ¡Larga vida al Keroxen!
difundeculturaAdmin

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